domingo, 28 de marzo de 2010

De lo sublime a lo ridículo no hay más que un paso

En ocasiones es mejor reir que llorar, sobre todo cuando el absurdo lo rodea todo.
En la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de San Martín de Porres, irónicamente, parece ser que las comunicaciones no andan del todo bien. Si no, cómo explicar que si un alumno llega un minuto atrasado a clases no pueda entrar al salón, sabiendo todos que hoy en día el tráfico en Lima es insoportable e impredecible. Y me pongo como ejemplo. Mi centro de trabajo, en el centro de Lima, está a una hora en taxi (aveces minutos más) de la universidad que está ubicada entre las avenidas Tomás Marzano y República de Panamá. Además de presupuesto que debo tener para la movilidad, las dos o tres veces que he llegado "tarde" (un minuto o cinco), simplemente no he podido entrar. Ni al Decano, ni a los guardias de seguridad, ni a nadie le interesa si uno se dio en la cara con una pista rota, con una calle cerrada o con una policía infame que detiene el tránsito por 20 minutos. Simplemente la clase, la inversión de ese día se perdió.
Sería bueno que, las autoridades de esta casa de estudios tengan ciertas consideraciones con los horarios (ya que no estamos en kindergarden) para la entrada a clases pues, en esta etapa, el que quiere estudiar estudia y el que no simplemente no lo hace. Sería bueno también que, dichas autoridades se den cuenta de que no estamos en Suiza o Noruega, donde los horarios están establecidos de tal manera que ciertamente nadie puede llegar tarde, porque todos saben a que hora pasará el autobús y en dónde se realizan obras, etc.
Hace unos tres años estuve en Suiza y lo digo con esa certeza, no tenía contratiempos en mis salidas y llegadas en autobús. Pero estamos en Lima- Perú. Por más previciones que se tomen, (muchas veces saliendo de mi casa con dos horas de anticipáción, no basta). Si no pase por Córpac, Javier Prado, Puente Nuevo, Vía expresa (que ya no tiene nada de expresa, etc) y verá que no miento.

lunes, 15 de marzo de 2010

kushi y el cazador

Kushi, un osito travieso, está cansado de invernar. Él anhela el momento de escapar de su cueva, jugar con la nieve y descubrir los misterios del bosque. Kushi no le tiene miedo a nada, ni siquiera al temible cazador. Y su valor es tan grande, que incluso decidirá conocer su casa, sin saber el peligro que podría correr. Kushi y el cazador es un cuento bellamente ilustrado, que nos invita a reflexionar sobre la responsabilidad de nuestros actos y el respeto hacia los demás. Sigue las huellas de Kushi y acompáñalo en su aventura.



lunes, 8 de marzo de 2010

Gamarra: El emporio de la basura

Hace unos meses leí que el emporio comercial de Gamarra movía aproximadamente unos 800 millones de soles al año. Me pareció genial enterarme de que los pequeños y medianos empresarios tenían por fin la oportunidad de vender sus productos y por ende, obtener buenas ganancias.

La noticia me animó a visitarla, pues el tráfico, los ambulantes y la basura me habían alejado de ella por más de dos años. Ahora, me dije, con todos esos ingresos y el crecimiento de la zona, debe ser "otra cosa". Me equivoqué.

Dos cuadras antes de llegar al centro comercial, una hilera de montañas de basura, me decepcionaron inmediatamente. El tráfico era infernal, y los ambulantes que vendían sus menjunjes en plena calle, 'sazonados' con el smog de los carros me causaron repulsión. Y sin embargo, gente yendo y viniendo en ese mar de suciedad.

Me pregunto, ¿dónde están los municipio de La Victoria y de Lima?, ¿dónde están los mismos propietarios de los locales de la zona que no hacen una junta para contratar camiones de basura que se lleven todos los desechos de las calles y así mejorar la imagen del lugar donde trabajan y comen?.

"Son peruanazos", me dijo un amigo excusándolos. Pero no. Yo creo lo contrario. Pienso que aquellos quienes viven viven como ciegos e indiferentes lo hacen porque no se sienten peruanos, no tienen identidad nacional, tienen el absurdo pensamiento de que "si el otro no lo hace, yo tampoco".

Sería bueno obviamente preguntar al alcalde de LaVictoria, Alberto Sánchez Aizcorbe, qué hace con todo lo recaudado por concepto de impuestos. ¿O es que quizá, simplemente sigue la línea de todos los alcaldes anteriores que siempre han tenido abandonado a ese distrito?.

Ser humano en un mundo deshumanizado

¿Cuándo el hombre dejó de ser humano?. Esta es la pregunta que me hago cada vez que leo en los diarios u observo en la televisión muertes innecesarias de gente inocente en diversas partes de nuestro planeta como consecuencia de las guerras. Si no es Palestina, es Afganistán, sino es Afganistán, son las dos Coreas en conflicto. Y así sucesivamente.

Se suele decir que para lograr grandes transformaciones son necesarios los cambios drásticos, y quizás, las grandes revoluciones lograron cambios sustanciales, en lo político o en lo social, pero ¿a qué costo?. Miles de vidas acabadas, miles de sueños rotos, seres humanos sin vida.

¿Y si las guerras no existieran?. ¿Si el hombre viviera en armonía disfrutando lo que la naturaleza buenamente le otorga. ¿Si la ambición máxima fuera tener un hogar bien constituido, si los intereses económicos no fueran más allá del interés por el alimento diario?.

Muchas personas- como yo hace algunos años- viven ajenas al verdadero significado de las guerras, no palpan el dolor de perder un ser querido que fue enviado a la batalla, no huelen la sangre que satura el aire en la hora de la muerte de un joven soldado, no se detienen un instante a pensar en lo absurdo de morir por un pedazo de tierra, petróleo o cualquier otro bien.

Durante la guerra del Cenepa en 1995, aprendí a reconocer el temor de saber perdido a un ser querido a un ser querido, un héroe, un padre de familia, un defensor del Perú.
El avión de guerra en el viajaba mi primo, Hilario Valladares, fue impactado en la cola por un misil enviado por los ecuatorianos.

Estuvo dos días desaparecido, su madre llorando día y noche, toda la familia tensa. Finalmente apareció con vida. Sin embargo, ¿qué ganó?. Una medalla, un homenaje, un título de 'héroe', pero finalmente una sensación de vacío lo innundó. La guerra había terminado, pero muchos de sus compañeros habían muerto. Él los vio morir.

Si las guerras no existieran, no sería el paraíso, pero con todo el dinero destinado para ellas, millones de niños en todo el mundo tendrían qué comer. Al no existir constantes pruebas nucleares en el mar, entre muchas otras, el medio ambiente tendría un poco más de tiempo para respirar. Cuando el hombre acabe finalmente con su propia existencia, de no ocurrir por el calentamiento global, será a causa de las guerras y sólo quedarán vagos rastros de lo que fue un ser tan imperfecto.